El 15 de diciembre de 2025, la Dra. Victoria Loisi publicó una nota en el sitio web de la Liga del Consorcista que toca una fibra sensible de la propiedad horizontal. La corrupción existe, adopta formas discretas y suele prosperar donde hay apatía e informalidad. No es un tema agradable pero es un tema real. Y en los consorcios, lo real siempre se termina reflejando en dos lugares: en el clima que se genera en el edificio y en el monto de las expensas.
La nota acierta en lo esencial. La transparencia no es un “plus” de buena voluntad, es el requisito básico de cualquier administración que gestiona dinero ajeno. También acierta al no convertir el debate en una pelea de bandos, porque la opacidad puede venir de una administración desprolija, de un consejo de propietarios que actúa como gobierno paralelo o de una minoría ruidosa que vive para bloquear cualquier decisión.
Hasta ahí, el diagnóstico es sólido. Pero vale sumar una precisión que el debate público sobre consorcios suele ignorar y que convendría decir con mayor énfasis.
La mayoría de las administraciones no son corruptas
La conversación social sobre consorcios tiene un vicio. Habla del “administrador” como si fuera un personaje único. El villano. Y no lo es. La mayoría de los administradores son probos, trabajan con profesionalismo, rinden cuentas y conocen el costo personal y reputacional de hacer las cosas mal. En un rubro donde la confianza es el vínculo principal, la ética no es una virtud abstracta sino que es el activo principal del negocio.
Sin embargo, por una minoría oscura, corrupta y con malas prácticas, el sector entero paga el precio. Caen todos en la volteada y como dice el refrán: pagan justos por pecadores. Este clima no beneficia a nadie. Erosiona la relación con los propietarios, vuelve tóxicas las asambleas y empuja a que la gestión se haga “a la defensiva”.
Por eso, si se va a hablar de corrupción (y hay que hablar) conviene tener en claro que existen administraciones corruptas pero la regla es la administración honesta. Remarcar esto no suaviza el problema, lo hace más justo y por ende más creíble.
¿La solución es desconfiar de todo?
No. La solución es involucrarse. La propuesta de Loisi es incómoda porque exige trabajo. No promete magia. Dice básicamente que los propietarios participen. Y tiene razón.
Participar no es discutir por deporte ni perseguir al administrador. Es hacer lo básico que cualquier persona haría cuando se trata de su propio patrimonio. En términos prácticos, eso se traduce en hábitos simples:
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Participar en las asambleas
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Aportar proveedores y contratistas
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Controlar las liquidaciones de gastos
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Preguntar sin agresión
¿Puede ser que a veces el problema no es el administrador sino los mismos propietarios?
La nota resalta otro punto importante: hay propietarios que boicotean. Hay gente con “mucho tiempo libre que se dedica deportivamente a entorpecer la gestión del administrador, generando gastos al Consorcio y dolores de cabeza a la administración. Que pretenden que el administrador esté permanentemente a su disposición, pero pagando honorarios paupérrimos”.
Esta última es una contradicción infantil pero muy frecuente.
La propiedad horizontal se degrada cuando se instala la idea de que el administrador debe trabajar “por amor al arte”. Pagar honorarios dignos no es un capricho corporativo, es una condición para exigir profesionalismo, formación, tiempos de respuesta y procedimientos claros.
La clave está en abrir el mercado del edificio a más proveedores
Los propietarios tienen un rol clave y poderoso, aportar proveedores y contratistas de su confianza para que el consorcio no dependa siempre del mismo circuito cerrado. No se trata de “meterse” en la administración ni de discutir cada gasto sino de sumar opciones reales. Cuando los vecinos acercan proveedores y contratistas, se amplía la competencia, se transparenta la elección y se reducen los riesgos de sobreprecios o arreglos turbios. En definitiva, proponer proveedores es una forma simple y efectiva de cuidar el patrimonio común sin convertir la vida del edificio en una pelea permanente.
No hace falta que el propietario se convierta en gerente de compras. Se trata de algo más simple: diversificar la oferta. Abrir el juego. Es una manera práctica de prevenir abusos, mejorar la calidad de las obras, que el consorcio gane alternativas y que la administración trabaje con un abanico más amplio.
Aportar herramientas para el bien común
La nota tiene valor al poner la lupa en la corrupción y en la necesidad de participación. Negar el problema sólo esconde la basura bajo la alfombra.
Al final, la propiedad horizontal se parece más a una democracia que a un servicio tercerizado. Funciona mejor cuando la gente participa, no cuando delega ciegamente. Pero participar no es gritar más fuerte. Es brindar herramientas. Y pocas herramientas son tan útiles (y tan simples) como aportar alternativas concretas para que el consorcio deje de comprar siempre en el mismo kiosco.
⭐ Mariano Zvaigznins es Perito Mercantil egresado de la ESCCP-UBA. Consultor especializado en Propiedad Horizontal. Administrador de consorcios matriculado en CABA. Editor del sitio ConsorciosPH. Titular de Administración RIGA.




