El Sindicato de Empleados de Administradores (SEARA) difundió hace 3 días, en sus redes sociales, una noticia que en un contexto de ingresos tensionados por la inflación suele ser recibida con alivio. Nuevas escalas salariales para los meses de enero, febrero y marzo de 2026. El problema es que, por ahora, la novedad parece sostenida más por un posteo que por documentación verificable.
La cuestión no es menor. En negociaciones colectivas, el anuncio es apenas el primer paso. Lo que define si un aumento es exigible y cómo debe liquidarse es el acta firmada entre partes y más tarde, su trámite ante la autoridad laboral. En este caso, no habría constancia de ingreso de un acuerdo posterior al 5 de enero de 2026. En otras palabras, hay escalas circulando pero sin un respaldo formal.
¿Qué se anunció exactamente y por qué genera dudas?
SEARA comunicó la vigencia de tres escalas: una para enero, otra para febrero y otra para marzo. Sin embargo, quienes buscaron corroborar la existencia del acuerdo se toparon con una frase breve y contundente de la Secretaría de Trabajo: no se registró el ingreso de un acuerdo de SEARA con fecha posterior al 05/01/2026.
A esa falta de confirmación se suma otro elemento. El sindicato no publicó la copia del acta que justificaría los incrementos. Las entidades que representan a la parte empleadora (tres agrupaciones del sector de administradores) tampoco difundieron una circular o comunicación formal sobre la presunta actualización.
Cuando el circuito de información se corta en todos los puntos al mismo tiempo, no se trata solo de un problema de prensa. Se vuelve una dificultad práctica para:
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empleadores que deben liquidar sueldos con criterios claros;
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trabajadores que necesitan saber qué corresponde reclamar;
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estudios contables que buscan evitar ajustes posteriores;
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y el propio sistema paritario, que funciona mejor cuando hay trazabilidad.
¿Cómo sería el aumento de enero y qué “ruido” aparece en los cálculos?
Según lo difundido, enero combinaría un movimiento típico de estos acuerdos recientes: integración de sumas fijas al básico, más un porcentaje y la creación de un nuevo bono.
El esquema informado sería el siguiente:
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Se incorpora al básico el bono remunerativo de $40.000 que venía abonándose.
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Sobre el nuevo básico, se aplicaría un incremento del 1,9%.
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Además, se agregaría un bono remunerativo de $60.000.
Hasta ahí, la lógica es comprensible. Se “blanquea” una suma fija previa para que impacte en adicionales, aguinaldo y aportes, y se sostiene parte del aumento con otra suma fija.
Pero aparece un punto sensible. Al replicar el cálculo tal como se describe, se detecta una diferencia entre los valores que darían las cuentas y los montos publicados en las tablas sindicales. La brecha sería superior a $1.200 en la categoría de cadetes y a $1.500 en la de administrativos. No es una variación gigantesca, pero en temas salariales una discrepancia de esa naturaleza suele indicar una de dos cosas: un error en la tabla o un criterio de cálculo no explicitado (redondeos, bases distintas, integración parcial, etc.).
Sin acta a la vista, ese “ruido” no se puede resolver con certeza.
¿Qué pasaría en febrero y marzo?
Para febrero, la mecánica publicada sería más lineal:
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Se integra al básico el bono de $60.000 otorgado en enero.
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Se aplica un aumento del 2%.
Para marzo, se informó un incremento porcentual del 1,9%.
En la comparación mensual incluida en el texto original, sin embargo, marzo aparece con 2,10% en “escalas salariales”. Esta diferencia puede responder al modo de promediar categorías o a cómo se computa el efecto combinado, pero vuelve al mismo punto: sin el instrumento firmado, la lectura queda abierta.
¿Cuánto sube realmente el salario cuando se suman bonos e integraciones?
Uno de los aportes más útiles del material es que distingue entre el porcentaje “de convenio” y el impacto efectivo cuando entran en juego sumas fijas e integraciones.
En enero, la mejora “real” estimada treparía a 7,54%, impulsada por:
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la incorporación del bono anterior al básico;
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y el nuevo bono de $60.000.
En febrero, el incremento se mantendría en torno al 2%. En marzo, rondaría el 1,9% (o el valor cercano al 2% que surge de la tabla comparativa, según el método).
Para arribar a esos números, el cálculo promedia mensualmente las categorías de administrativo y cadete e incorpora el bono correspondiente a cada período, con el fin de comparar la evolución salarial contra el IPC. El resultado muestra que el “salto” fuerte se concentra en enero. Luego la dinámica vuelve a variaciones más acotadas.
¿Por qué importa que sea el quinto acuerdo sin homologar?
La homologación no es un trámite decorativo. Es la llave que convierte un acuerdo paritario en un instrumento plenamente operativo y reduce el margen de discusión.
Si este fuera, efectivamente, el quinto acuerdo del sector que todavía no cuenta con homologación, el riesgo es acumulativo:
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si un acuerdo se ajusta o no se valida tal cual fue firmado,
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los acuerdos posteriores, que toman ese valor como base,
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pueden requerir recalcular escalas, diferencias y retroactivos.
Eso genera incertidumbre para todos pero especialmente para quienes necesitan previsibilidad, empleados que planifican gastos y empleadores que buscan evitar contingencias.
¿Qué se venía acordando?
En 2025 se habrían firmado varios entendimientos que fijaron básicos y bonos sucesivos. Entre los hitos mencionados:
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un acuerdo de junio que estableció básicos brutos para administrativos y cadetes;
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un acuerdo de julio con aumentos porcentuales y un bono remunerativo de $40.000;
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un entendimiento de agosto con un aumento y bonos para septiembre a diciembre;
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y, en diciembre, un acuerdo sobre jornada laboral (8 horas de lunes a viernes) y el tratamiento como feriado de los días 24 y 31 de diciembre.
Hay un patrón que es consistente, porcentajes pequeños, bonos remunerativos y luego integraciones. Lo que cambia ahora es la discusión sobre la existencia formal del acuerdo de 2026.
Paritarias anunciadas pero si acta pública
El anuncio de SEARA sobre escalas para el primer trimestre de 2026 promete una mejora relevante en enero, sobre todo por el efecto de integrar sumas fijas y sumar un nuevo bono. Sin embargo, la ausencia de un acta publicada y la falta de registro de ingreso en la Secretaria de Trabajo de un acuerdo posterior al 5 de enero, según la respuesta oficial citada, dejan el tema en un terreno dudoso. En paritarias, la credibilidad no se sostiene con tablas sueltas. Necesita papeles, firma y trazabilidad.
⭐ Mariano Zvaigznins es Perito Mercantil egresado de la ESCCP-UBA. Consultor especializado en Propiedad Horizontal. Administrador de consorcios matriculado en CABA. Editor del sitio ConsorciosPH. Titular de Administración RIGA.



